Morse aporta dinamita a la hora buena para S.F.

SAN FRANCISCO - Lucía bien difícil, para no escribir casi, casi imposible, que el poderoso Michael Morse pudiera recuperar al menos parte de la productividad del bate que infundía terror entre los lanzadores de la Liga Nacional hasta que una dolorosa lesión lo relegó a las filas de la incertidumbre.

Pero Morse demostró de lo que es capaz al empatar espectacularmente el partido final de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional con un cuadrangular como emergente y desde la aurora de la Serie Mundial desplegó un brillo con el madero a la hora buena que pudiera convertirlo en un factor enorme para los Gigantes de San Francisco en el resto del Clásico de Octubre.

"Con los músculos oblicuos nunca se sabe, algunos sanan más rápidamente que otros", admitió el dirigente de los Gigantes, Bruce Bochy, a una pregunta de LasMayores.com "Sabía que estaría cerca de recuperarse para esta Serie, pero no pensé que lo lograría para la de [los Cardenales de] San Luis. Cuando comenzó a hacer buen swing [en prácticas] alrededor del segundo partido de la Serie Divisional lamenté, para ser honesto, que no lo hubiéramos activado".

Por supuesto, Bochy y los Gigantes no contarán con el lujo adicional de un bateador designado al reanudarse el viernes la Serie Mundial debido a que obviamente se va a jugar con las reglas de la Liga Nacional, pero Morse le brinda una opción para abrir en el bosque izquierdo y sin duda es una amenaza letal desde la banca frente el pitcheo de los Reales de Kansas City.

"Estuvo cargando con el equipo a hombros a comienzos de la temporada y es agradable tenerlo de regreso", expresó Bochy sobre el peligroso bateador derecho que para fines de mayo ya sumaba 11 jonrones y 38 carreras impulsadas y lucía como un firme candidato para ser seleccionado al Juego de las Estrellas.

Aquellos sueños estelares se fueron convirtiendo en pesadilla por esa desagradable lesión en los músculos oblicuos que le impidió jugar durante gran parte de la recta final. Tan interesado estaba Bochy en su posible regreso que lo envió a consumir turnos a la Liga Instruccional a ver si volvía la magia de su tremendo swing.

"Por un tiempo pensé que no podría retornar a tiempo", confesó Morse a la interrogante de LasMayores.com "Cuando estábamos a punto de jugar el partido de Wild Card [frente a los Piratas de Pittsburgh] comencé a decirme a mí mismo que no llegaría al objetivo propuesto".

No fue fácil para Morse quedarse relegado al rol de espectador mientras los Gigantes batallaban arduamente para tratar de clasificar como uno de los comodines de la Liga Nacional. Para fortuna del equipo, Travis Ishikawa, un primera base natural, recogió la batuta jugando mucho mejor de lo que se esperaba de él en el bosque izquierdo y aportando especialmente un peligroso bate zurdo al tercio final de la alineación.

"Fue bien duro ver a nuestros muchachos sin poder hacer nada, mientas disputaban juegos de gran significado en septiembre", subrayó Morse. "Me limitaba a animarlos, mientras seguía trabajando fuerte a ver si podía responder a la campana cuando fuera necesario.

"El trabajo fue extenso y largo, pero estaba determinado a volver en condiciones de ayudar al equipo", recordó Morse, un veterano con amplia experiencia en ambas Ligas Mayores. "Y pegarle ese cuadrangular como emergente a uno de los mejores lanzadores [Michael Wacha] de las Grandes Ligas significó mucho para mí. Fue un honor y una experiencia bien chévere".

Impulsar una carrera en su primer juego de Serie Mundial y contribuir a la victoria de los Gigantes en Kauffman Stadium tiene que haber sido uno de los puntos culminantes de una trayectoria en las Grandes Ligas iniciada en 2005 con los Marineros de Seattle.

El poderoso pelotero que no es famoso por su defensa, pero no teme ponerse un guante para ayudar a su equipo en varias posiciones del cuadro o los jardines, se había acercado a la Serie Mundial previamente en 2012, pero sus Nacionales de Washington fueron eliminados en la primera ronda.

"Son dos equipos diferentes, uno sin experiencia en los playoffs y otro con mucha", comparó Morse entre los Nacionales de 2012 y los Gigantes de 2014. "Tipos como Tim Hudson o como yo, que no habíamos llegado tan lejos, nos nutrimos de eso. Parecía que esos tipos tenían [en la apertura de la Serie Mundial] hielo en las venas y si me preguntan a mí yo diría que estaba bien nervioso, las mariposas me revoloteaban en el estómago, pero fue fabuloso".

Después de perderse esa oportunidad de avanzar con los Nacionales, Morse no pensó que se le presentaría una nueva ocasión tan pronto, pero cuando lo contrataron los Gigantes como agente libre le entró el presentimiento de que con la novena de San Francisco si podría llegar a la tierra prometida de la pelota.

"Algo de esta organización que la hace tan especial es que en cualquier día de la semana puedes encontrarte con Willie Mays en el clubhouse", explicó Morse, firmado por los Gigantes el pasado 17 de diciembre. "Puedes hablar con él de tu juego más reciente. El no se pierde muchos. Puede estudiar y definir qué es lo que le pasa a tu swing, a tu defensa. Al siguiente día te encuentras con un J.T. Snow, un Barry Bonds.

"Es la atmósfera, es como si [ganar] estuviera en la sangre de esta organización", describió Morse. "Está en el grupo total, en la manera cómo lo edifican".