Bochy, el mánager que da cátedra en postemporada

SAN FRANCISCO-- Se resistió a cambiar al primer bate que no estaba rindiendo y su paciencia fue recompensada. Se arriesgó con un relevista novato para enfrentar a Bryce Harper y no se arredró cuando la pelota acabó en el agua. Y tomó la dura decisión de relegar a Tim Lincecum al bullpen.

Bruce Bochy es quien toma las decisiones en los Gigantes. Ahora, al guiar a San Francisco a la Serie Mundial por tercera vez en cinco años, podría entrar en un selecto club.

Intentará convertirse en apenas el décimo manager con tres anillos de campeón. Todos los pilotos en ese grupo tienen una placa en el Salón de la Fama, un club en el que recientemente fueron incorporados Tony La Russa y Joe Torre, así como los legendarios Casey Stengel y Connie Mack.

Bochy, de 59 años, insiste que no se duerme con sus laureles.

"No es que estoy fingiendo ser humilde. Tengo la suerte de dirigir a un gran equipo, un equipo con garra y que tiene la personalidad para ganar", dijo. "Pareciera que disfrutan con esta clase de juegos. Todo depende del carácter de los jugadores y los dueños nos dan los recursos para conseguir esto. Me dieron las herramientas y así es como se hacen las cosas".

Bochy también conoce a la familia de George Brett, el ícono de los Reales, ya que su primer trabajo como manager fue con su hermano Bobby Brett en 1989, cuando dirigió a un equipo de Clase A en Spokane, uno que ganó el título de la liga del Noroeste.

Durante su carrera de nueve años como pelotero en las mayores, Bochy fue un receptor suplente. En busca de otro campeonato, se ha establecido como uno de los mejores dirigentes del béisbol.

"Me encanta jugar para alguien como él", dijo Travis Ishikawa, el trotamundos que el jueves bateó el jonrón de oro que remolcó tres carreras para sentenciar la serie de campeonato de la Liga Nacional. "Intuye lo correcto en cada movimiento que hace".

Pese a lesiones, malas rachas en junio y septiembre y absurdas victorias en los playoff, Bochy se ha mantenido imperturbable. Es algo que sus jugadores estiman, ya que les permite estar serenos.

El torpedero Brandon Crawford asegura que nunca ha visto a Bochy gritar en una reunión, aunque en la caseta es otra cosa.

Hunter Pence apunta específicamente a una arenga que Bochy dio cuando el jardinero derecho llegó a los Gigantes tras un canje en 2012 "que realmente cambió a nuestro equipo".

Antes de desembarcar en San Francisco en 2007, Bochy era conocido por sus fracasos en la postemporada con los Padres. Ese equipo de San Diego fue barrido en la Serie Mundial de 1998 y sufrió eliminaciones ante San Luis en las series de primera ronda de 2005 y 2006. La novena de 1998 le dio a Bochy su único banderín en 12 campañas al mando de los Padres antes de mudarse al norte de California.

"Uno siempre aprende de sus experiencias del pasado, ya sea durante la temporada o la postemporada. Lo única cosa que aprendí es que la postemporada es algo distinto. No es la temporada regular", dijo Bochy. "No hay margen de error. Si pierdes un juego en mayo, te quedan más de 100 juegos para revertir".

Mantuvo a Gregor Blanco como primer bate y el venezolano respondió en los últimos juegos, avalando la confianza de Bochy. El relevista Hunter Strickland no ha sido descartado, pese a los jonrones que sufrió a manos de Harper.

"El mánager les da la oportunidad de hacer lo que saben hacer, que se suelten", comentó el coach de tercera base Tim Flannery, quien trabaja con Bochy desde los años en San Diego. "Confía en los jugadores. Les permite estar en posición de ganar".