Héctor Santiago, forjado en base al trabajo fuerte

Héctor Santiago, forjado en base al trabajo fuerte

Héctor Santiago, forjado en base al trabajo fuerte
CHICAGO -- La mayor parte del tiempo se la pasa sentado frente a su locker, poco habla con sus compañeros y con quien más lo hace es con Nate Jones, quien está a un puesto de por medio.

Su presencia poco se siente en el clubhouse, es de esos que siempre está pensando en qué hacer para mejorar. Héctor Santiago no está para relajos con los Medias Blancas de Chicago, que para esta temporada le entregaron la responsabilidad de ser cerrador por primera vez en su carrera. Ese rol lo ha asumido con todo el compromiso del caso, como se lo enseñaron sus padres.

Desde niño, cuando apenas estaba en edad de asistir a la escuela, su papá, Héctor Santiago, le decía que para ser exitoso en lo que se propusiera debía trabajar fuerte, con afán y sin descanso. Su madre, Lourdes Concepción, por su parte, le inculcaba lo importante de la disciplina en el día a día, en sus actividades y en los proyectos de su vida.

"Él (su papá) me levantaba a las cinco de la mañana para que me fuera corriendo para la escuela. Corría entre 20 y 30 minutos para la escuela y cuando llegaba ahí me bañaba", dice Santiago.

"Mi mamá nos decía que fuéramos a la escuela, que hiciéramos esto o lo otro, que nos laváramos los dientes, siempre nos empujaba en las cosas de la escuela. Era estricta con nosotros, pero era por nuestro bien, sé que sí", agrega.

Esas lecciones las aprendió y memorizó el lanzador de los Medias Blancas, por ello esa actitud siempre centrada y trabajadora dentro del equipo, en el clubhouse, en el dugout y en el terreno de juego, donde sabe que cada error que cometa se magnifica por la relevancia de su rol.

El descendiente de padres puertorriqueños, quien nació y se crió en New Jersey, también le apuesta a la suerte, porque sabe que la preparación, la disciplina y el trabajo no lo es todo en el camino para alcanzar los sueños y las metas. Él entiende que a veces se necesita un poco más, por eso se aferra a una cábala que ha conservado desde sus primeros días con la organización de Chicago, que lo firmó para el profesional en el 2006 y le dio la oportunidad de debutar en Grandes Ligas el seis de julio del 2011.

"Siempre cuando estoy en el locker room preparándome para el juego me pongo dos pares de medias y dos pares de pantaloncillos de abajo, eso es porque un día salí a pitchear con uno nada más, porque los otros estaban sucios y no los habían lavado y en la primera entrada me hicieron siete carreras. Después de ese inning entré y le dije al clubbie que me los buscarás, porque me los tenía que poner, después que lo hice pitcheé siete entradas en cero ese mismo día", revela el zurdo de 24 años de edad.

Atleta forjado

Durante sus días de adolescente en New Jersey, Santiago destacaba por su capacidad para practicar cualquier disciplina deportiva y ser sobresaliente en ella, así formó parte de equipos de baloncesto, voleibol y fútbol, además, obviamente, de beisbol, que siempre fue su pasión.

Su interés por el deporte fue algo que consistentemente combinó con sus estudios y con el trabajo, que de forma voluntaria realizaba con su padre, solo para aprender del oficio y saber que para ser alguien en el vida había que esforzarse y sudar.

"En el verano trabajaba con mi padre, me levantaba a las cuatro o cinco de la mañana para irme con él, porque sabía que tenía que aprender a trabajar duro para conseguir las cosas buenas", expresa Santiago, quien extraña ese tiempo en el que iba con el señor Héctor a pescar, en su bote; aunque hoy día no esté totalmente alejado de esa actividad, que ahora tiene como hobbie, cuando en los off season regresa a su casa y se reencuentra con su familia.

En ese compartir el cerrador de los Medias Blancas también aprovecha el tiempo para practicar sus habilidades lúdicas en el juego de cartas, una de sus pasiones fuera del terreno de juego, aunque en esta encuentra ciertas similitudes con el trabajo que tiene que realizar cuando está sobre la lomita y tiene ese número 53 en su espalda.

"La carta es la cosa más grande para nosotros yo creo. Cada vez que estamos en casa y no tenemos nada que hacer nos ponemos a jugar carta, poker, 21 o rommie. El juego de carta tiene un poquito de pitchear o pitchear tiene un poquito del juego de carta, porque si piensas bien tu puedes engañar al bateador, puedes jugar con su mente pensando en lo que él está esperando y en lo que tu le vas a pitchear. En carta también lo puedes hacer, porque puedes hacerle creer a los otros que tienes una cosa muy buena y apuestas muchos sin tener nada. Eso te enseña a engañar en el juego", explica.

Jardinero convertido en outfield

Cuando comenzó a jugar beisbol, en New Jersey, a Santiago le gustaba estar el partido completo en el terreno, ser protagonista o tener la oportunidad de serlo durante todas las entradas que duraran los juegos.

En ese tiempo era un jardinero, que tenía buena velocidad, un buen brazo y que bateaba bien, el aspecto del juego que más le gustaba, así como le gustaban los Mets de Nueva York, aunque era más por llevarle la contraria a su familia, que era de los Yanquis, que por otra cosa.

Pero así como su preferencia por los Mets fue cambiando, especialmente una vez que fue tomado por los Medias Blancas en el draft universitario del 2006, lo fue haciendo su rol dentro del juego, esto por recomendación por los propios scouts del equipo que desde el momento en el que lo vieron lo proyectaron como un lanzador.

"Cuando me monté en la loma y comencé a tirar tan duro, me dijeron que iba a ser pitcher nada más. Yo dije que estaba bien si así podía jugar profesional y jugar en Grandes Ligas y así ha sido", dijo.

Su carrera como pitcher comenzó como relevista hasta que en el 2011 lo convirtieron en abridor, antes de reubicarlo como apagafuegos para esta temporada en la que se ha mostrado como el cerrador a tiempo completo del equipo.

Santiago, sin embargo, cree que en un futuro volverá a iniciar, el rol que más le gusta como lanzador, y que lo podrá hacer en las Grandes Ligas para seguir los pasos del único jugador, que según expresa, ha tenido como ídolo: Andy Pettitte.

"Siempre vi a Andy Pettitte, un pitcher zurdo como yo. Todos los días cuando estaba pitcheando lo veía sin miedo, atacando a los bateadores y peleando. Eso me gustó y así he querido ser yo", dijo Santiago, quien quizás por eso se le ve silente en el clubhouse de los Medias Blancas, siempre buscando la forma de mejorar y de no olvidar los consejos y enseñanzas de sus padres.