Opinión: Guillén jugó con fuego y se quemó

Opinión: Guillén jugó con fuego y se quemó

Opinión: Guillén jugó con fuego y se quemó
NUEVA YORK -- "Hoy 10 de abril, es la última vez que esta persona habla de política. Ojalá que este desagradable momento me haya enseñado. He aprendido a no meterme en lo que no conozco".

La persona que dio estas declaraciones se llama Ozzie Guillén. Más tarde que temprano, el mánager venezolano de los Marlins de Miami ha aprendido un duro escarmiento.

Realmente, no deja de sorprender la fuerza huracanada de la tormenta desatada en Miami por los dichos de Guillén sobre Fidel Castro.

El revuelo no es porque Guillén soltó la lengua. Al fin y al cabo, su locuacidad para opinar de todo y sobre todo el mundo es harto conocida, algo que fascina a la prensa tanto la anglosajona como la de habla en castellano.

Lo hace todo el tiempo y en forma desenfrenada. Lo de Castro, por ejemplo, ha eclipsado una entrevista con CBS Sports en la que confiesa que se emborracha tras los juegos fuera de casa de su equipo.

El desconcierto obedece a la imprudencia del dirigente de los Marlins al decirle a un reportero de la revista Time que adora a Castro y que respeta la capacidad que tuvo para mantenerse tanto tiempo como el gobernante de Cuba.

Lo que ha dejado patidifuso a propios y extraños es que la forma en la que alguien como Guillén --residente en Miami no de ahora, sino de hace varios años-- no sepa calibrar las consecuencias de expresar frases de simpatía hacia Castro en la capital del exilio cubano.

Si hay un lugar en el mundo donde no se debe hablar bien de Castro, pues ese es Miami.

Y mucho menos cuando uno es el mánager del equipo de béisbol de profesional de la ciudad, el cual se acaba de mudar a un palacio de nuevo estadio en un barrio que se llama la Pequeña Habana. Un estadio cuya construcción costó 634 millones de dólares, costo asumido en dos terceras partes por los contribuyentes, en una transacción que se encuentra bajo la investigación de la Comisión de Valores y Cambio del gobierno federal.

Los Marlins decidieron suspender a Guillén por cinco juegos. David Samson, el presidente del club, indicó que el salario correspondiente será donado a activistas pro derechos humanos en Miami.

Guillén tuvo que dejar una gira del equipo en Filadelfia y viajar de vuelta a Miami para ofrecer su mea culpa en una rueda de prensa en el Marlins Park, que duró una hora y que fue cubierta por un centenar de reporteros, fotógrafos y camarógrafos.

Afuera, un grupo de manifestantes expresó su indignación coreando consignas en contra de un piloto que ni siquiera ha cumplido una semana de temporada regular al frente de los Marlins.

"Guillén vete para Cuba a dirigir el team (equipo) de Cuba por $25 al mes", decía uno de los carteles desplegados por los manifestantes.

¿Saben la magnitud del contrato que Guillén? Es de cuatro años y 10 millones de dólares.

Algunos dirán que se coarta el derecho constitucional de libertad de expresión de Guillén o que es una cuestión de intolerancia, pero vale aclarar que esto no involucra a un gobierno amordazando a un ciudadano por opinar.

Se trata de un asunto en el que una empresa privada (los Marlins) castiga a un empleado (Guillén) por una conducta perjudicial a sus intereses, en este caso a su grandioso plan de tener una exitosa franquicia de béisbol en Miami.

Esto no es nuevo en las Grandes Ligas. Hay que recordar lo ocurrido con Marge Schott, la fallecida propietaria de los Rojos de Cincinnati que fue suspendida toda una temporada en la década de los 90 por formular encendidos comentarios de tinte racista y elogiar la figura de Adolfo Hitler.

En su comparecencia del martes, Guillén se mostró profundamente arrepentido, claramente consciente y aturdido por la controversia.

"Fue un error personal de la cosa que yo tenía en mi mente y lo que dije", señaló a modo de explicación. "Lo que quería decir en español lo dije mal en inglés".

A raíz de este embrollo, y tras sobrevivir la polémica, Guillén tal vez sepa medir las cosas que dice y ser más cuidadoso frente a micrófonos y grabadoras.

Tal vez aprende la lección que hay un límite para todo.