José "Cafecito" Martínez recorrió un largo camino para llegar a las Mayores

José

En su natal La Guaira, Venezuela todavía le dicen Cafecito. Es el apodo que le dieron a José de niño, continuando una tradición de apodos inspirados en el café que se les daba a los hombres de su familia. A su padre, Carlos, le decían Café. A sus hermanos menores, Moca y Decaf.

Que la carrera de José se compare con un cafecito es exactamente lo que quiere evitar. "Una pequeña taza de café," el apodo beisbolístico que se les da a los jugadores pasajeros en Grandes Ligas, "presente hoy, se fue mañana." Pero la longevidad en las Grandes Ligas no estaba en la mente de su abuelo cuando le puso ese apodo a José hace tantos años. Su familia simplemente pensó que Cafecito, como el hijo mayor con facciones similares a su papa, sería la segunda versión de Café.

¿Quién se imaginaría que la conexión entre los dos resultaría profética? En 1988, año en que nació José, Café comenzó lo que se convertiría en una carrera de siete temporadas en las Grandes Ligas, una que contó con apariciones con los Medias Blancas, los Indios y los Ángeles.

Ahora su hijo tiene la oportunidad - por fin - de extender el legado familiar.

Con la gran motivación que sintió durante el septiembre pasado cuando recibió su primera convocatoria de Grandes Ligas después de trabajar 10 temporadas en las Menores, Martínez se ha convertido desde entonces, en mucho más que un ejemplo de perseverancia.

Después de un recorrido muy exitoso en el entrenamiento primaveral que le ganó un puesto en el roster del día inaugural con los Cardenales, José ha sido una chispa confiable para un equipo que le ha faltado consistencia a principios de la temporada. A lo largo de abril, José marcó la racha de hits consecutivos más larga del equipo (nueve juegos), floreció como bate emergente de banco (con promedio de .600 de bate emergente) y logró un número que ningún otro Cardenal había logrado durante los primeros 125 años con la franquicia: Un promedio de bateo de .444 a lo largo de sus primeros 23 juegos con el club.

Pero la historia es mucho más profunda. Martínez también heredó las expectativas de una comunidad venezolana en busca de luz en medio de disturbios civiles, donde los residentes a veces buscan entre la basura para aliviar el hambre, batallan para encontrar medicamentos para la presión sanguínea o el cuidado prenatal. Contra esta realidad de fondo, el béisbol se ha convertido en algo más que un juego.

Es por eso que Evelyn Martínez, la madre de José, se encontró con una casa llena la noche del partido inaugural de la temporada 2017 de los Cardenales contra Chicago.

"Estábamos gritando y saltando. Estábamos tan felices," dijo Evelyn, hablando a través de la traductora de los Cardenales, Alexandra Noboa. "Es una comunidad pequeña, por lo que José es muy conocido. Los periódicos escriben sobre él. Las estaciones locales de televisión hablan de él. Hay mucho orgullo en esta comunidad".

Su hijo pudo sentir justo cuánto orgullo sentían por el cuándo su teléfono sonó sin parar con mensajes y videos después de que él anotó la carrera ganadora en la victoria del día inaugural, dejando a los actuales Campeones Mundiales tendidos en el terreno. José tomó su primer turno al bate con un out en la novena entrada. Martínez bateó un doble contra la pared central del jardín derecho y luego pasó a la tercera base por dos bases por bolas, permitiendo que Randal Grichuk lo impulsara a anotar. Textos y publicaciones en las redes sociales de su familia y amigos continuaron llegando la mañana siguiente.

Su fervor es comprensible: la comunidad puede finalmente regozar con el éxito de Martínez después de años de apoyarlo mientras su ascenso se estancó. En un país que ama el béisbol, Martínez se convirtió en el nativo venezolano 353 en jugar en las Grandes Ligas y el 11 de La Guaira, casa de uno de los equipos profesionales de Venezuela.

Ahora, ha adoptado otra casa - los Cardenales - equipo que finalmente le dio a su hijo nativo su oportunidad.

"Estoy recibiendo mucho amor de mi país porque saben por lo que he pasado y todo lo que hice para llegar aquí", dijo Martínez, que cumplirá 29 años en julio. "El deporte une a todos. "Dondequiera que vayas, la gente dice: 'Ese es José Martínez. Ese es nuestro jugador venezolano de Grandes Ligas".

UN SÍMBOLO DE ESPERANZA
Casi al mismo tiempo que Martínez se enteró de que estaría en el roster del día inaugural, las protestas contra el gobierno se intensificaron en su país de origen. En medio de la lucha, sin embargo, hubo una explosión de orgullo. En abril, 77 jugadores venezolanos fueron colocados en el roster del día inaugural, superando con facilidad el récord anterior de 66 en el 2012.

"El béisbol tiene más popularidad que nunca", dijo Moisés Rodríguez, director internacional de cazatalentos de los Cardenales. "Parece que más y más niños lo están jugando. No sé si es porque lo ven como una salida debido a la situación económica en el país, pero si tuviera que adivinar, diría que lo es gran parte. "Para la mayoría, sin embargo, nunca será más que una fuga virtual - una oportunidad de vivir vicariamente a través de un vecino, un amigo o paisano. Pero incluso eso puede ser invaluable".

"Significa mucho porque eso es lo que necesitan", dijo el lanzador relevista Miguel Socolovich, cuya familia extendida vive en Caracas, la capital que está llena de protestas. "Cuando nos ven en las grandes ligas, ven esperanza. Me siento bendecido por estar aquí porque ahora mismo en Venezuela no tenemos esperanza".

En cierto modo, la familia Martínez estaba en mejor posición que la mayoría de las familias, en parte por el béisbol. Café se ganó cerca de $1 millón de dólares en las Grandes Ligas - una cantidad enorme en un país donde el salario mínimo mensual oscila alrededor de $33 dólares mensuales. Cuando Martínez padre murió apenas a los 40 años de edad después de una prolongada batalla con el cáncer estomacal, dejó una familia joven y otros familiares que dependían de su apoyo.

Esa responsabilidad ha sido asumida en parte por su hijo mayor, que, incluso mientras luchaba por satisfacer sus propias necesidades monetarias con un escaso salario de Liga Menor, siempre dio prioridad a los que estaban en casa.

Martínez no sólo ayuda financieramente a su familia, sino que cada tres semanas envía artículos que no están disponibles en Venezuela. Esto incluye medicamentos para sus abuelos, jabón, pasta dental y otros productos de higiene.

Es otra manera a través de la cual Martínez lleva a Venezuela sobre sus hombros, no sólo las esperanzas de su comunidad, sino también sus necesidades. La puerta que los Cardenales le abrieron a Martínez para vivir su sueño de toda la vida es también una que ha impactado las vidas de aquellos que nunca pondrán un paso en este país. Martínez puede hacer más porque le han dado más.

"Para mí, es más responsabilidad", dijo él. "Mucha gente me ha ayudado. No sabes lo que va a pasar en el béisbol porque es un deporte y un negocio. Pero siempre voy a estar agradecido con esta organización por darme una oportunidad".

MANOS AMIGAS
Tal oportunidad habría significado poco, sin embargo, si Martínez no hubiera aprovechado un recurso que tenía. Los jugadores de béisbol venezolanos son un grupo muy unido - muchos regresan a casa para jugar en las ligas invernales y mantienen un chat durante toda la temporada. De todos los jugadores que Martínez admira por haberle ayudado en su carrera es Francisco Rodríguez, uno de los relevistas más logrados, está por encima del resto.

Cuando el padre de Martínez todavía estaba jugando y le extendió una mano amiga a "K-Rod" en el momento en estaba subiendo, algo que el relevista nunca olvidó.

"Después de que llegué a las ligas menores", recuerda José, "K-Rod me agarró como un jugador joven y me dijo: "Yo también te quiero ayudar".

El relevista mantuvo su palabra y se mantuvo en contacto, incluso ayudando a Martínez a encontrar alojamiento durante su primer entrenamiento primaveral.

Luego está Miguel Cabrera, a quien Martínez no conoce personalmente, pero siente como si lo conociera. Todos los días, Martínez mira un video del antiguo ganador de la Triple Corona y dos veces nombrado Jugador Más Valioso. Examina el swing de Cabrera, aplicando las mismas técnicas de fildeo y sus gestos. Incluso estudia algo tan esotérico como la forma en que Cabrera se maneja en entrevistas. Los tutoriales se han vuelto tan rutinarios que Martínez describe a Cabrera como un "mentor".

Fue Café quien, hace más de una década, empujó a Martínez en la dirección de Cabrera.

"La primera vez que Miguel Cabrera estuvo con los Marlins y todo el mundo estaba diciendo que era demasiado joven (20) para dejar las ligas menores, mi papá me dijo: 'Si quieres aprender algo, deberías ver a este tipo porque va a ser una superestrella", dijo Martínez. "Creo que sabe que cada jugador en Venezuela lo admira. Cada jugador quiere ser él por lo que está haciendo por nuestro país".

Sin saberlo, Cabrera pudo haber colocado a Martínez en la posición correcta para sobresalir en la primavera como lo hizo. Durante los entrenamientos con los compañeros venezolanos de Grandes Ligas Martín Prado y Miguel Rojas durante esta temporada baja, Martínez tuvo una revelación al analizar el enfoque ofensivo de Cabrera.

Vio en Cabrera una deliberada intención de elevar la pelota al aire. Martínez ajustó su swing para hacer lo mismo, creyendo que el poder lo impulsaría de nuevo al roster de la Liga Mayor esta temporada. Y así fue. Lideró a los Cardenales con nueve hits de extra-base - cuatro de ellos jonrones - y 15 carreras impulsadas en la Liga de la Toronja durante el entrenamiento primaveral.

SIGUIENDO LOS PASOS DE SU PADRE
Antes de Cabrera, sin embargo, Martínez tenía a Café, su papá.

A pesar de ser demasiado joven para recordar la mayor parte de la carrera profesional de su padre (el legado de Carlos, para muchos, se recuerda con un jonrón que rebotó en la cabeza de José Canseco en 1993), sin embargo Cafécito adoptó algunas lecciones de béisbol.

Su padre había luchado para llegar a las mayores sin el beneficio de tener instrucción profesional, y por consiguiente creó un estilo que no siempre le caía bien a los demás. Martínez compartía el mismo sueño de llegar a las Grandes Ligas, pero quería llegar ahí de manera diferente.

"No tenía a nadie que le dijera: 'Oye, no puedes hacer esto. No es correcto'", dijo Martínez. "Algunas personas todavía dicen que voy a ser como mi padre: "Vas a empezar a golpear a la gente en las gradas. O vas a pelear con el árbitro todos los días". "No lo voy a hacer. Voy a aprender de eso. La gente piensa que lo que el hizo fue malo, pero no creo que sea malo para nosotros. Fue una gran ayuda porque nos sirvió como ejemplo".

Tal vez eso explique al José Martínez a quien los aficionados ven ahora: un hombre de alegría incesante, lleno de agradecimiento. El hijo del fogoso Carlos siempre está sonriendo y haciendo que otros a su alrededor hagan lo mismo.

En otras formas, sin embargo, Martínez ha decidido hacer innegable la conexión entre Café y Cafécito. Insiste en que su perseverancia -que lo llevó a través de una década de asignaciones de ligas menores- vino de Café, cuya lucha de cinco años contra el cáncer dejó una impresión indiscutible en su hijo mayor, apenas de 17 años cuando su padre murió.

José firmó su primer contrato profesional con los Medias Blancas unas semanas después, a pesar de haber escuchado de varios scouts que estaba muy delgado para lograrlo. Los próximos 10 años pondrían a prueba su amor por el béisbol, sobre todo después de que necesitó tres cirugías en su rodilla derecha en un lapso de dos años y medio. Cuando se sometió a la tercera operación - había perdido todo su menisco lateral - le dijeron: "Esta es la última cirugía que le vamos a hacer. Si no funciona, tendrás que renunciar al béisbol".

Por la primera vez en su trayectoria, Martínez se obligó a considerar la posibilidad de una vida sin el béisbol.

"Pensé que lo intentaría una vez más," recuerda. "Luché para sobrepasar los obstáculos y tomé todo con una actitud positiva. Creo que uno tiene que pasar por muchas cosas para mejorar, mental y físicamente."

En el 2010, se convirtió en el primer jugador en regresar al béisbol profesional después de un trasplante de menisco. Pero el esfuerzo continuó: todavía no era lo suficientemente bueno para generar impresiones significativas en un equipo de Grandes Ligas. Se necesitaron seis temporadas más -incluyendo una temporada en una liga independiente- para que pudiera por fin llegar a Triple-A en 2015, luego de firmar un contrato de agente libre con los Reales. Ese año, encabezó a todos los jugadores de ligas menores de temporada completa con un promedio de bateo de .384, ganándose el título de bateo de la Liga de la Costa del Pacífico - sólo para que le fuera negada una convocatoria a las Ligas Mayores ese septiembre.

Sin embargo, se negó a rendirse.

"No importa si te has caído - todavía estás vivo," dijo Martínez. "Lo vi tratando de luchar por su vida.

¿Por qué no puedo hacer lo mismo todos los días?"

Sería difícil argumentar que ha hecho cualquier cosa menos eso en 2017. La variedad de opciones que tienen los Cardenales para las posiciones de jardinero y primera base - las dos posiciones de Martínez - significa que la frecuencia con que podría jugar y mucho menos ser titular, es rara, especialmente para un jugador que pocos habían escogido para su roster de 25 jugadores antes del entrenamiento primaveral. Sin embargo, Martínez se ha hecho sentir con su bate. Los grandes momentos no parecen afectarlo: su primer jonrón de grandes ligas a finales de abril igualó el marcador en contra de los Azulejos en un partido que se extendió a innings adicionales.

"Él ha sido eso y más", dijo el gerente Mike Matheny. "Este es un muchacho con talento que tuvo un montón de lesiones y contratiempos que habría llevado a cualquiera a rendirse. Es uno de esos ejemplos que seguimos usando para los otros muchachos en la organización: seguir jugando el juego".

MANTENIENDO EN ALTO EL LEGADO
Martínez recuerda el día en que su padre se despidió del béisbol - estaba en el dugout cuando su padre pegó un jonrón de un lanzamiento de Ugueth Urbina en un juego de liga invernal venezolano. Cuando Carlos alcanzó la primera base, se dio la vuelta y llegó a segunda y tercera corriendo al revés. Entonces giró y se fue saltando todo el camino hacia el homeplate. El episodio provocó una pelea más tarde en el juego, pero para entonces, Café ya había empacado sus cosas y salido del estadio.

"OK," -le dijo a su hijo al regresar al dugout. "Es hora de irse a casa." El Martínez padre - aún en sus 30 años - se retiró del béisbol ese mismo día, y poco después, su número 40 fue retirado por los Tiburones de La Guaira. Ese número ahora se está usando de nuevo después de que su hijo convenció a los dueños del equipo que le permitieran utilizarlo cuando él juega para el mismo equipo en su ciudad natal. "Es casi un reflejo exacto de él," dijo Evelyn Martínez acerca de padre e hijo. "Cuando lo ves jugar, se ven exactamente iguales. José es un poco más alto, pero la postura de bateo, el swing, es como ver a mi marido".

Junto con algunas apariciones dispersas temprano en su carrera, Martínez ha jugado para los Tiburones cada invierno desde 2011. Su tiempo con el equipo ha dejado su marca. En los últimos tres años, ha promediado 57 partidos jugados en la Liga de Invernal venezolana.

Incluso ahora que ha llegado a un equipo de Ligas Mayores, Martínez no piensa recortar su participación en los terrenos de vuelta en casa. "La gente de allá sabe que hago todo lo que hago por ellos porque lo represento," dijo Martínez, hablando de su padre, cuyo nombre llevará el nuevo estadio de los Tiburones.

La historia del Martínez hijo en las Ligas Mayores todavía está siendo escrita. Pero independientemente de cuándo o dónde termine, hay certeza de los capítulos que están por delante: cada uno estará resaltado por el orgullo de una comunidad, la pasión de un país y el corazón de un luchador - atributos que hacen una carrera y una vida mucho más que una pequeña taza de café.