Bobby Cox resalta la continuidad que tuvo con John Schuerholz en los Bravos

Bobby Cox resalta la continuidad que tuvo con John Schuerholz en los Bravos

NATIONAL HARBOR, Maryland -- En ocasión de la elección al Salón de la Fama de John Schuerholz, arquitecto de los Bravos que ganaron 14 títulos divisionales en forma consecutiva entre 1991 y el 2005 (con la excepción de 1994, año de la huelga), al manager de aquellos equipos, Bobby Cox se le preguntó qué le viene a la mente al mencionársele el nombre de Francisco Cabrera. 

"Línea al jardín izquierdo", contestó Cox con una sonrisa. 

El dominicano Cabrera, por supuesto, conectó aquel sencillo productor de dos carreras en el cierre del noveno episodio del Juego 7 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional en 1992 para dejar en el terreno a los Piratas y darle a Atlanta el segundo de cinco banderines del Viejo Circuito que ganarían juntos Schuerholz y Cox. 

Lo logrado por los Bravos de esa época, lo cual incluye los 14 títulos divisionales, las cinco participaciones en la Serie Mundial y el título del Clásico de Otoño de 1995, parece difícil de repetir hoy en día. Para empezar, en la historia reciente no se ha visto mucho esa clase de continuidad tanto en la gerencia como en la cueva.

"Nunca chocamos. Él podía ver lo que nos hacía falta y yo también", dijo Cox sobre la relación de trabajo que tenía con Schuerholz, a quien conoce desde 1976. "Algunas de las decisiones fueron difíciles, por supuesto, pero no recuerdo que haya surgido discusión alguna. Eso no ocurre hoy en día". 

Los Bravos de Schuerholz y Cox se caracterizaban por su pitcheo abridor, que contó con los Salón de la Fama Greg Maddux, Tom Glavine y John Smoltz. El propio Cox es inmortal de Cooperstown y se espera que Chipper Jones, otro pilar de aquellas ediciones de Atlanta, sea elegido en los próximos años (estará en la boleta del BBWAA por primera vez en el 2017). 

"John construyó un gran sistema de liga menor y los agentes libres en nuestro equipo no querían irse", comentó Cox. "Era un buen lugar para vivir y un buen lugar para sonreír, porque ganábamos. 

"John siempre te escuchaba. Todo el mundo era importante", continuó Cox. "Él quería saber la opinión de todo el mundo. Ese ya no es el caso (en el béisbol moderno)". 

Aunque no es fácil imaginar que un equipo pudiera dominar una era como lo hicieron los Bravos en la Liga Nacional entre 1991 y el 2005, Cox no cree que sea imposible. El ex manager puso como ejemplo el récord de Lou Gehrig de 2,130 partidos jugados en forma consecutiva, marca que nadie pensaba podía romperse hasta que Cal Ripken Jr. lo hizo en 1995. 

"¿Pensaste que se rompería el récord de Lou Gehrig? Para mí, es así", expresó Cox. "Uno piensa que no, pero probablemente en algún momento.  

"Tendría que ser un equipo de un mercado grande que gastara mucho dinero. También habría que tener el mismo manager, el mismo GG. Así se logran esas cosas".