José Ramírez brilla en G.L. gracias a los consejos de su padre

José Ramírez brilla en G.L. gracias a los consejos de su padre

CLEVELAND -- José Ramírez no tuvo que esperar mucho tiempo para dejar su huella en la Serie Mundial del 2016, pero el versátil pelotero dominicano de los Indios de Cleveland ya llevaba en la sangre un profundo amor por la pelota al punto que desde pequeño aspiraba a ser parte del apasionante mundo del diamante.

"Cuando era niño, yo veía por televisión los juegos de la Serie Mundial y era emocionante, increíble", recordó con nostalgia el tercera base titular de los Indios, que disparó tres imparables en el abrebocas del Clásico de Octubre frente a los Cachorros de Chicago. "Dije, 'quiero ser un jugador de Grandes Ligas.

"Mi mamá me relajaba y me decía 'mi niño, vas a salir chiquito porque tu papá es chiquito"', recordó Ramírez, con una sonrisa nostálgica a flor de labios al rememorar aquellos momentos de su infancia.

A sus 24 de edad, Ramírez mide ahora alrededor de cinco pies y nueve pulgadas o unos 1.75 metros de estatura y no es necesariamente un hombre bajito, pero tampoco es el pelotero más alto del planeta. Eso no le importa ni al dirigente Terry Francona ni al resto de La Tribu.

Ramírez, que prácticamente puede jugar donde sea en el diamante, se ha quedado aferrado para alinear de ahora en adelante por mucho tiempo en la esquina caliente de los campeones de la Liga Americana. Francona lo usó en cuatro posiciones diferentes en el 2016, pero la tercera base (117 juegos) fue sin duda la principal.

A la postre, el nativo de Baní, República Dominicana, bateó un contundente .312 con 76 carreras impulsadas en 152 encuentros, por amplio margen la mayor cantidad de partidos en los que ha participado en una campaña desde su debut en la Gran Carpa en el 2013.

Su primera postemporada la arrancó a todo vapor, al batear .500 en la Serie Divisional frente a los Medias Rojas de Boston.

Su pasión, como la de muchos de sus paisanos en particular y de unos cuantos países latinoamericanos y/o caribeños en general, siempre ha sido la pelota. Su mamá bromeaba con él, pero era su papá el que le decía que siguiera para adelante, contra viento y marea.

"Mi papá siempre me decía 'fíjate en los peloteros que son chiquitos', pero han llegado allí''' [a la cumbre del diamante]", expresó Ramírez, que con el boricua Francisco Lindor integra un lado izquierdo del cuadro de los Indios totalmente latinoamericano.

"Cuando me dieron la oportunidad de jugar en Grandes Ligas, le agradecí a mi papa por sus consejos y él me contestó 'tranquilo que todavía tienes metas por cumplir''', manifestó Ramírez. "Cuando avanzamos a la Serie Mundial, me dijo 'no te preocupes, sigue jugando la pelota normal, todavía falta una meta por cumplir, que es ganarla"'.

Ahora cuando integra un equipo que arrancó con buen pie la Serie Mundial frente a los Cachorros, Ramírez se siente bien a gusto de permitirle cumplir su sueño a aquel niño que supuestamente iba a ser demasiado chiquito para jugar pelota y sobre todo está bien contento de poder ayudar a La Tribu a ganar encuentros.

"Ahora mismo llevo un solo guante, pero cuando comenzó la temporada, tenía como cuatro en cada juego", recalcó Ramírez con respecto a su versatilidad en el terreno. "Siempre he creído que puedo ayudar a mi equipo. He tenido confianza en mí mismo y en Dios.

"Francona es un tremendo manager, me gusta el estilo del juego de él", analizó el hábil pelotero de la tierra del merengue. "Nos da bastante confianza y eso es importante".