Jaime García devuelve a la comunidad de Reynosa

Jaime García devuelve a la comunidad de Reynosa

SAN LUIS -- La visión que Jaime García tiene de la vida no se reduce únicamente al diamante de béisbol -un terreno de césped artificial delimitado por dos líneas blancas de faul. Se extiende a la necesidad de tomar acción para mejorar las condiciones de su pueblo natal en México, azolado por la pobreza; financiar y construir casas, matricular a los niños en las escuelas y compartir tiempo con los jugadores de las pequeñas ligas en el campo donde una vez soñó con llegar a ser pelotero de las Grandes Ligas.

Jaime García tiene sueños grandes para Reynosa, México, sueños que son tan audaces como personales. Hay casas por construir y escuelas por abrir, dice él. Hay residentes que necesitan saber que no han quedado en el olvido y niños que anhelan saber que es posible escapar del ciclo de pobreza que tanto aflige a una comunidad marcada por años de violencia asociada con los carteles de la droga y el narcotráfico.

García salió de Reynosa justo cuando estaba a punto de comenzar la secundaria. Su padre tuvo la previsión de trasladar a la familia a Texas, al otro lado de la frontera, en busca de oportunidades educativas y deportivas de las cuales su hijo pudiera beneficiarse. Desde ese entonces, García se ha convertido en una de las historias de triunfo de Reynosa, la del muchacho del pueblo que se convirtió en campeón de una Serie Mundial de béisbol. Y ahora esos caminos que se abrieron cuando García salió de México son los mismos que lo conducen a su regreso.

La esperanza a la que se aferraba la gente de Reynosa apareció este pasado noviembre encarnada en un lanzador de 29 años de Grandes Ligas. García llegó justo después de una de sus mejores temporadas profesionales y luego de enterarse de que los Cardenales le habían extendido su contrato. Sin embargo, insiste en que su mejor logro del 2015 fue cuando regresó a Reynosa. Él mismo ayudó a construir una casa con sus propias manos, financió varias más, trajo equipo de béisbol al terreno que frecuentaba cuando era niño y se encargó de proveer los recursos económicos para que los niños de la comunidad pudieran asistir a la escuela.

"Lo deberían ver en ese ambiente, alrededor de su gente," expresó Roland Ashby con voz resquebrajada y con lágrimas en los ojos mientras contaba cómo había sido el regreso de García a casa a través de una organización de caridad, llamada "Strategic Alliance." "Jaime fue muy tierno. Fue muy comunicativo. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa. Tiene un gran corazón."

Este es el lado de Jaime Omar García que seguro poca gente conoce. Porque su historia no se trata únicamente de su ascenso del puesto número 22 del draft a candidato al premio Novato del Año, o a los achaques que han obstaculizado tantas de sus temporadas. Se trata de la travesía de crecimiento espiritual que le sirvió como guía emocional cuando su brazo le falló y del llamado que él cree que lo impulsó a ayudar a su país natal.

Ahora el potencial de Reynosa no es solamente una visión para García. Quiere estar seguro de que se tome la acción necesaria para mejorar el futuro de Reynosa. "Siempre soñé con volver y pasar mucho tiempo con los niños, enseñarles que hay cosas maravillosas que pueden lograr cuando la vida se lleva por el camino correcto," dijo García durante una franca conversación de una hora. "No tiene que ser la cuidad más grande o mejor de México. Pero quiero usar mi nombre y causar un gran impacto en la comunidad, mucho más de lo que he hecho. Ofrecerles esperanza es un deseo que siempre he tenido en mi corazón."

UN PROPÓSITO RENOVADO

El regreso a casa para García ha sido enrevesado, pero también, dice él, un retorno guiado por Dios. Criado en la iglesia católica, García encontró una conexión más personal con su fe poco después de que los Cardenales se fijaran en él y se encontraba en la búsqueda de cimientos sobre los cuales construir sus esperanzas. García estaba verdaderamente fuera de forma y poseía un repertorio de lanzamiento limitado, que no incluía el sinker formidable o la bola con cambio de velocidad (changeup) con los que cuenta ahora. La velocidad de su recta estaba disminuyendo, una señal prematura de la lesión en el codo que los Cardenales confirmarían en un futuro. Consciente de que no era un prospecto cotizado, García se encontraba en una encrucijada.

"Mi sueño de estar en las Grandes Ligas estaba desapareciendo," admite García. "Pero fue en ese momento que ocurrió mi crecimiento espiritual. Hice el compromiso conmigo mismo de que estaría en las Grandes Ligas. No sabía cómo. Pero supe que iba a hacer todo lo que estaba bajo mi control para llegar a ese punto. El enfoque en lo espiritual y lo que Dios había hecho por mí fue lo que cambió mi vida."

Su fe ha sido el estabilizador a lo largo de tanta adversidad profesional. Se ha recuperado no solo de una cirugía de brazo, sino de tres, un milagro por sí solo. Sin mencionar que regresó a lanzar bien y que estadísticamente, García es considerado una maravilla.

García ha tenido una efectividad de 3.21 (ERA) desde 2010, hecho que lo ha colocado en sexto lugar entre los zurdos activos que cuentan por lo menos con 700 entradas lanzadas. El año pasado se recuperó de una cirugía del tórax para después hacer 20 salidas, 17 de las cuales fueron de 6 entradas. En 11 de sus aperturas, García no permitió más de una carrera (ninguna en 4 de sus salidas). Y en solo su segunda salida esta temporada, lanzó su primer juego completo de un hit, una blanqueada de 7 carreras contra Milwaukee y ponchó a 13 bateadores, la mayor cantidad en su carrera.

"He pasado por prácticamente todo tipo de dolor físico, cirugías y rehabilitaciones," expresa García, quien terminó en tercer lugar en las votaciones para Novato del Año de la Liga Nacional en 2010 y un año después firmó un contrato de $27 millones por cuatro temporadas con dos opciones. "Realmente me siento agradecido y bendecido de poder seguir rindiendo a un alto nivel."

Sin embargo, lo que muchos no saben es que el año pasado García no solo estaba lanzando otra vez sin dolor en el hombro. También estaba lanzando con un propósito renovado en su vida. Limitado a 16 salidas entre 2013-14, García tuvo tiempo considerable para pensar en su futuro en el béisbol y buscar maneras de llenar su tiempo libre, aparte de sus terapias y de su rehabilitación. Empezó a hablar con Adam Wainwright acerca del trabajo que éste estaba haciendo para ayudar a los menos afortunados y tratar de suplirles las necesidades básicas. García compartió la visión que tenía para México con Wainwrigt, quien por años había sido el mentor espiritual de su compañero menor de rotación.

"Cuando estuvo lesionado, tuvo más tiempo para reflexionar", dijo Wainwright. "No sé lo que la gente piense de Jaime, aparte de que es un lanzador excepcional. Personalmente, si uno no conoce a Jaime, no sabe que tiene un gran corazón. Es una persona muy cariñosa y muy generosa. Es alguien que quiere complacer y ayudar a los demás".

Los dos tienen el mismo mentor financiero, cuya especialidad son las misiones caritativas, Don Christensen, quien suele conectar a sus clientes con proyectos de caridad de su interés. Este hecho llevó a García a conocer una organización de desarrollo comunitario con base en Arizona que les brinda a los residentes mexicanos la oportunidad de ganarse casas a través de prestar servicio a la comunidad.

EL proyecto despertó inmediatamente la curiosidad de Jaime. Christensen facilitó la conexión y también lo aconsejó; "No solo des," le dijo a García. "Ve." "Estos muchachos tienen mucho dinero. Solo tienen que hacer un cheque sin saber adónde va. O son dueños de un gran proyecto y no se enteran de más. La forma de pensar: "Yo soy grande y el mundo es pequeño", pasa a ser: "Yo soy pequeño y el mundo es grande." "Te das cuenta de que no eres el centro del mundo y de que no todo gira alrededor de ti".

MANOS A LA OBRA

Hace tres años, las circunstancias de la vida dejaron a una joven familia de Caborca, México, en busca de un nuevo hogar. El de ellos ya no existía y esto impulsó a Alicia y Francisco, los desesperados padres, a hacer un viaje al Norte, mientras dejaban atrás a sus niños temporalmente y se dirigían hacia la frontera con los Estados Unidos. Después de más de 100 millas de camino llegaron a Puerto Peñasco, un lugar situado aproximadamente a 60 millas de su destino. No siguieron más. La cuidad se encargó de atrapar a la pareja en un barrio ubicado entre un alcantarillado y un ferrocarril. Fue en este lugar, donde según les indicaron, podían construir una casa de cartón.

Es la historia que un día Alicia le contaría a García, quien sin saberlo, cambiaría la vida de la mujer. Mientras Alicia y Francisco escasamente sobrevivían en el barrio, un representante local los había conectado con "1Mission." La pareja acumularía horas suficientes sirviendo la comunidad para ganarse su casa. Solo después supieron que fue financiada por la organización de caridad. Ese año (2014) García donó la cifra necesaria para patrocinar un cuarto de las 101 casas que "1Mission" construyó para las familias en Puerto Peñasco.

Sin embargo, García, siguiendo los consejos de Christensen, deseaba ejercer un rol más activo, que se extendiera más allá del apoyo financiero. En enero del 2015, suspendió su rehabilitación y su programa de lanzamiento durante 4 días para viajar a México y ayudar a construir una de esas casas. Fue entonces cuando conoció a Alicia, quien le contó a García de qué manera la vida de ella y de su familia había cambiado positivamente gracias a la casa que pudieron adquirir a través del programa.

"Al principio me preocupó un poco tomar un descanso en mi entrenamiento porque me gusta tener mi rutina y hacer las cosas como se deben hacer," expresó García, quien acababa de hacerse una cirugía en el tórax en julio del año anterior. "Pero cuando estaba allá, ni siquiera pensé en el béisbol. Fue una experiencia que definitivamente cambió mi vida y me llegó al corazón."

Acompañado por Nate Hughes, vicepresidente de la asociación "1Mission," García llegó a México y se encontró con una comunidad que aun vivía en un nivel de pobreza tan extremo que él había olvidado existía todavía. La gente del pueblo se sintió naturalmente atraída hacia él -un mexicano nacido en su tierra que había llegado a las Grandes Ligas. Hablaba su mismo idioma y aunque las circunstancias de su vida lo habían apartado muy lejos de estas deplorables condiciones, aun podía entenderlas y verse reflejado en ellas. Conoció a personas como Héctor y Silvia Peña, quienes se habían mudado a una casa de 11x22 pies que García mismo había ayudado a construir durante su visita. Trabajando junto con aquellos que estaban acumulando las horas de servicio necesarias para conseguir su casa propia, García ayudó con cada fase del proceso de construcción de tres días: un día para hacer la base, otro para levantar las paredes y aplicar la primera capa de estuco y el último día para terminar el techo, el estuco e instalar las puertas y las ventanas.

"Hablar con las familias, oír sus historias y escuchar acerca del impacto que han causado las viviendas y cómo esto ha cambiado sus vidas, causó un gran impacto en él," dijo Hughes. "Me impresionó mucho su receptividad. No es una persona distante. Es muy accesible, trabajador y humilde". Impactado por esta experiencia, García regresó a Texas, su base de entrenamiento durante la temporada baja (entrena en Houston) e inmediatamente empezó a pensar en ideas para crear un impacto positivo mucho mayor que el que acababa de lograr. En particular, quería concentrar sus esfuerzos en Reynosa. Solo necesitaba la ayuda de alguien que lo guiara de regreso.

"UNO DE ELLOS"

García lo describe como un "momento divino" el día que entró al consultorio de un quiropráctico en San Luis para su tratamiento en el verano del 2015 y salió de ahí con sus oraciones cumplidas. Todo empezó con otro paciente llamado Bob, quien reconoció a García y le dijo que había estado en Reynosa múltiples veces a través de una asociación entre una iglesia y "Strategic Alliance." García, ajeno al hecho de que alguien pudiera viajar deliberadamente a una región tan devastada por violencia, conectó al hombre con Christensen, quien evaluó la organización y le explicó el propósito de la misma a García.

Fue entonces que en el siguiente mes de noviembre, García se encontraba viajando en coche hacia su antigua casa. Regresó casi como un extraño. Habían pasado años antes de que Reynosa fuera un lugar lo suficientemente seguro como para que García, quien tiene una residencia no muy lejos de la frontera en Texas, pudiera estar en Reynosa más de unas horas a la vez. En este viaje se quedó hasta el próximo día. "Me encanta ayudar a la gente en todas partes," dijo García. "Pero el hecho que sea de allá y haya nacido y fuera criado allá, me permite entender que en México estamos muy necesitados, tanto como en otros lugares del mundo. Crecí con esas mismas necesidades. Lidié con los mismos problemas que los niños de hoy tienen en la escuela y también luché con todo lo malo que está sucediendo allá en estos momentos. Soy uno de ellos".

Lo que hizo durante esa estadía de dos días en su pueblo natal lo impactó mucho más que cualquier lanzamiento que hará en su vida. García le dijo a Ashby, quien fundó "Strategic Alliance" en 1992, que cubriría los gastos de 25 casa nuevas en Reynosa, localizadas a una cuadra de la casa donde se crió. Y justo como lo hizo durante la temporada baja anterior, García ayudó a construir una casa con sus propias manos.

Pero su participación fue más allá del proyecto de viviendas. Cuando se enteró de que el "Strategic Alliance" tenía 119 niños de colegio que todavía necesitaban un patrocinador, García hizo otro cheque. A un costo de $300 dólares por niño, García se aseguró de que todos tuvieran materiales de escuela y los uniformes necesarios. El cheque también cubrió el costo de la matrícula, que suele resultar muy alta para estas familias.

En el segundo día, García visitó su antiguo campo de béisbol donde jugó de niño, hizo una fiesta para los equipos del área y repartió regalos y equipo. Después se refirió a ese momento como la mejor parte del su viaje. "Me acuerdo de estar allí y soñar con llegar a ser pelotero de Grandes Ligas," dijo García. "Recuerdo que siempre pensaba lo increíble que sería solo conocer alguien o tocar alguien que jugara en las Grandes Ligas. Sé que muchos de esos niños me admiran, así que poder compartir y pasar tiempo con ellos es una prioridad para mí".

García sigue siendo el único nativo de Reynosa en llegar a las Grandes Ligas. "Ver que su país necesita ayuda y poder volver y causar un impacto positivo directamente, hablar en español y andar por la cuidad, es algo que transmite una gran fuerza" expresó Wainwright. "Lo primero que se tiene que reconocer es que Jaime no está malgastando los recursos que se le han dado. Los está usando para mejorar la vida de los demás y está impactando a México de una manera úni".

Y lo bueno es que no ha terminado. Aunque sus planes de volver a Reynosa durante las navidades del 2015 fueron cancelados por razones de seguridad, García volverá. Lo garantiza. Proveer viviendas y educación seguirá siendo una prioridad, pero García pretende extender su huella aún más. Actualmente está asociado con "Water Missions International" para financiar un proyecto para traer agua limpia a aproximadamente 10,000 personas. Continuamente está preguntando qué más puede hacer. "Cuando das y te das cuenta que realmente has hecho una diferencia en la gente, hacer el bien se vuelve adictivo, se convierte en una rutina," dice Wainwright.

"Especialmente para personas en nuestra situación, que somos lo suficientemente afortunados de ganar el dinero que tenemos. Sería desperdiciar la vida si no les hacemos llegar a las personas necesitadas la mayor ayuda posible." García le ha encontrado un sentido más grande a la vida, uno que no está incluido en la parte de atrás de su ficha de béisbol. Obviamente quiere florecer en la lomita. Pero más que eso, quiere que su profesión sea el medio a través del cual pueda causar un impacto positivo entre los menos privilegiados. "Ahora puedo decir que de todo lo que ha pasado en mi carrera y en mi vida, no cambiaría nada porque me convirtió en el hombre que soy hoy," expresa García. "Poder ver todo lo que he podido hacer a lo largo de un par de años, cuántas vidas he podido tocar y transformar, definitivamente hace que me dé cuenta que vale la pena todo el sufrimiento y las dificultades por las que he pasado físicamente. "Y eso que falta mucho por venir."