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Mucho ha cambiado para los Tigres

Mucho ha cambiado para los Tigres

Muchas cosas han cambiado en la ciudad de los motores desde 1984 cuando los Tigres ganaron su última Serie Mundial pero el deseo de ganar se mantiene intacto.

Quizás la larga sequía de una victoria haría que un título en 2006 fuera más dulce.

A lo mejor es la inyección de sangre latina la que le pondría más sabor.

Hace 22 años combinación de dobleplays estaba integrada por dos de los más queridos jugadores de la franquicia. Lou Whitaker y Alan Trammell se convirtieron en un logo del equipo defendiendo los alrededores de la segunda base por más de una década juntos.

Ahora dos latinos se han ganado el corazón de los fanáticos con su forma de jugar al beisból. Carlos Guillén y Plácido Polanco se han consolidado como una de las mejores llaves a la hora de realizar las dobles matanzas y le han dado al equipo junto a Pudge Rodríguez y Curtis Granderson una línea central envidiable. Una de las claves del triunfo de Cincinnati en 1975 y 76, así como de los Marlins de 2003, fue precisamente la línea central.

Detrás del plato dirigiendo los lanzamientos estuvo en aquél entonces Lance Parrish con su enorme bigote fue figura con su mascota y con su bate. Ahora quien maneja al mejor cuerpo de lanzadores de las Grandes Ligas por su extraordinaria efectividad durante la temporada 2006 es Pudge Rodríguez. El boricua está considerado como uno de los mejores de todos los tiempos por su defensiva y su conocimiento del juego. La garra mostrada a través de los años tanto en la defensiva como en la ofensiva lo hace ser querido por sus fanáticos. Lo hizo en Miami con un grupo de muchachos encabezados por Josh Beckett en 2003 y ahora lo está haciendo con Kenny Rogers y el resto de los jovencitos que integran la rotación de Detroit.

Los jardines estuvieron protegidos por Gibson, Herndon y Lemon mientras que ahora lo es por Magglio, Monroe y Granderson. Los dos jardineros centrales muestran un gran parecido pero los dos de las esquinas parecen ser superiores a los de 1984. Magglio con su larga melena fue el héroe del cuarto y decisivo juego que los tituló campeones de la liga con sus dos cuadrangulares. Gibson con su tupido bigote fue héroe 22 años atrás con sus batazos de cuatro esquinas que definieron partidos. Monroe ha hecho más ruidos con su bate y su guante que su homólogo Herndon.

El pitcheo muestra una combinación sorprendente con un Justin Verlander con sus rápidos envíos, seguida por los quebrados y experiencia de Kenny Rogers, la excelente curva de Robertson y la animosidad y recta sorprendente de Bonderman. A eso se le suma la velocidad de Joel Zumaya con sus envíos por encima de las 100 millas y el experimentado Fernando Rodney, la colocación de pitcheos de Wilfredo Ledezma y la veteranía del cerrador Todd Jones.

La banca liderada por Omar Infante, Alexis Gómez, Neifi Pérez y Marcus Thames entre otros ha sido muy usada por el manager y ha respondido en los momentos en que los ha utilizado a todos.

El liderazgo y respeto que infunde Jim Leyland le puso la crema al pastel. Su experiencia y su historia ganadora le cayeron como anillo al dedo al grupo que pusieron en el roster el gerente general Dombrowski y compañía para lograr el objetivo que se trazaron en 2002 cuando se hicieron cargo del equipo.

La promesa que le hizo el dueño del equipo, Mike Illitch, tanto a Pudge como a Magglio de convertir en ganador al equipo ha sido cumplida y a partir de hoy podrán demostrar en el terreno por que son favoritos para derrotar a los Cardenales y agregar otro titulo al historial felino.

La mesa está servida y tanto el equipo como la ciudad entera está preparada no solamente para ver al equipo ganar sino para celebrar en grande el fin de una sequía de más de 20 años. No importa realmente que el equipo haya perdido 22 de los últimos 40 juegos de la temporada regular y el primero frente a los Yankees de la serie divisional. De allí en adelante han ganado siete en fila para estar presentes en el magno clásico otoñal.

El deseo de ganar ahora se parece mucho al que hubo en 1984 pero la celebración del triunfo tendrá ritmo latino este año.

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