Miñoso debe ser exaltado al Salón de la Fama

Miñoso debe ser exaltado al Salón de la Fama

El infielder Gil McDougald fue una pieza invaluable para los Yankees de 1951. Jugando como intermedista y antesalista, bateó .306 con 14 jonrones, 56 pasaportes negociados, 54 ponches y en aquella temporada anotó la misma cantidad de carreras que la leyenda Joe DiMaggio (72). Aquellos Yankees ganaron 98 encuentros.

Pero en Chicago, el cubano Orestes "Minnie" Miñoso tuvo un mayor impacto en los Medias Blancas. Incluyendo los ocho partidos que Miñoso jugó con los Indios, bateó .326 y encabezó la Liga Americana en estafadas (31) y triples (14), dividiendo su tiempo de juego entre la tercera base y los tres puestos en los jardines. Anotó 40 carreras más que McDougald y tuvo 13 empujadas más (76). También negoció 72 boletos y se ponchó 42 veces.

Sin embargo, fue el jugador del cuadro de los Bombarderos del Bronx el que se llevó el premio al Novato del Año del Joven Circuito sobre el cubano.

Miñoso perdió el premio por la opinión de un votante. Minnie hubiese compartido el reconocimiento si hubiera recibido uno de los 13 votos de McDougald. Pero no ocurrió así.

Aquel siempre ha sido el resultado al momento de medir a Miñoso históricamente -- apenas a un paso de unirse a los inmortales. Si muchos pudieran escribir la historia de nuevo, encontarían maneras de enviarlo al Salón de la Fama.

Con su historial en una carrera en la que jugó más béisbol que casi cualquiera -- tuvo largas estadías en Cuba, las Ligas Negras, la Liga de la Costa del Pacífico, la Liga Americana y la Liga Mexicana -- y su puesto como uno de los pioneros entre los peloteros latinoamericanos, es inexplicable no ver a Miñoso entre los exaltados en Cooperstown.

Ha vivido con gran alegría pese a esta tristeza, que ha aumentado mientras se acerca a los 90 años de edad.

"Es un hombre que emite felicidad", manifestó el dueño de los Medias Blancas, Jerry Reinsdorf. "Hace que todos los que lo rodean se sientan bien. Hay algo especial en su personalidad".

Debido a que creció en en la Habana -- perdiendo al menos cinco temporadas en su apogeo por varias circunstancias (incluyendo la demorada integración racial de la Liga Americana) -- Miñoso no tiene las brillantes estadísticas en su carrera. Nunca tuvo su momento en la historia como Bill Mazeroski, porque como la leyenda de los Cachorros, Ernie Banks, nunca jugó en la Serie Mundial.

Pero hay maneras de medir todas las capacidades de Miñoso, que fueron claras para el receptor Paul Richards, quien motivó a los Medias Blancas para que adquirieran al guardabosque cuando los Indios lo tenían guardado en Triple-A.

El lanzador Bill James ha calificado a Miñoso como uno de los 10 mejores jardineros izquierdos de todos los tiempos, en parte porque tuvo un gran desempeño con el guante después de que se acopló en dicha posición. En la ofensiva fue un jugador con velocidad y poder que bateó sobre los .300 en ocho de sus primeras 10 campañas, impulsó 100 carreras cuatro veces y se robó 205 bases -- a pesar de sufrir varias lesiones. Encabezó las Grandes Ligas en bolazos en 10 ocasiones -- en parte debido a que los jugadores de otra raza eran un blanco y porque se paraba casi sobre el plato, sin importar las veces que era golpeado.

El amor de Miñoso por el béisbol también fue explotado cuando el dueño Bill Veek lo trajo de nuevo a la organización para promociones en el Comiskey Park -- lo que lo convirtió en un jugador de cinco generaciones -- y pagó el precio al ingresar a la papeleta para las votaciones de la Asociación de Cronistas de Béisbol de Estados Unidos a los 60 años de edad. Se ha quedado corto de ser inmortalizado por ya casi 30 años, de la misma manera en que se quedó corto en las votaciones para el Novato del Año en 1951.